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2 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

¿Cuál es el sentido de recordar una fecha como la de hoy? Los que “vivimos en la universidad” ya lo sabemos, es costumbre, saldrán un montón de pandrosos a hacer su “marcha de honor” bien en humanidades o bien en el parque de la ciudad. La policía estará presente en el lugar, haciendo la mímica de que vigila, que evitará los desordenes, las manifestaciones indebidas. La verdad, todos los sabemos, es que nunca pasará nada – al menos en nuestros pueblitos del interior de la república – , las masas ya están domadas, sólo buscan el simulacro de rebelión, son incapaces, o bien no les interesa en realidad, el acto revolucionario.


A eso se ha reducido la fecha: Simulacro. ¿Debería esto sorprendernos? No, la vida misma se ha vuelto un simulacro. Simulamos saber, simulamos hacer, simulamos vivir. The Matrix es la metáfora que mejor describe nuestros modos de vida. Otra forma de referirse a lo mismo – quizá menos fantasiosa y más elegante – es la metáfora del espectáculo. Vivimos un espectáculo de vida, no participamos directamente, tomamos un papel en la obra, lo interpretamos y, si nos va bien, nos retiramos con el aplauso medianamente espontaneo. Simulacro y espectáculo, dos palabras para decir lo mismo. Dos formas de expresar nuestra incapacidad para ser proactivos. A la vez dos regiones en las que hay condiciones de posibilidad para ser más proactivos y venenosos que nunca. ¡Exquisita paradoja! Lo que más nos impide actuar nos da la condición de posibilidad de ser más peligrosos que nunca, más audaces que nunca, en fin, un poquito más libres que nunca.


Una fecha que vale la pena recordar. Desgraciadamente la han secuestrado un montón de "hippies" marihuanos, yuppies "rebeldes" e hipsters irónicos. La fecha se ha convertido – si no es que ya lo era, desde el principio – en un espectáculo, en una simulación. Los niños salen a jugar al revolucionario, la policía juega a los guardianes del kinder, el Estado juega a sentir culpa. Pero, ya lo dije – y antes, de seguro, ya lo dijo alguna voz, anterior a mi, y lo dijo mucho mejor –, esta pantomima que rosa el absurdo puede ser trampolín/plataforma para gritar, incomodar y recordar. Gritar, pero no contra “el gobierno”, atacar pero no a “la policía opresora”, sabotear pero no “al sistema”. Hay que insertar dentro de todo este simulacro, todo este espectáculo, el veneno de la crítica, la observación mordaz, las letras precisas. Hacer emerger la verdad del acontecimiento. Dentro de todos estos espectáculos hay que rescatar aquello que era esencial para el acontecimiento, lo que lo puso en movimiento, aquello que vale la pena, que será eterno, aquello por lo que vale la pena recordar. El espíritu del 68.


No basta con no olvidar el 2 de octubre - es imposible, ya está escrito con sangre -. No basta con recordar que el 2 de octubre de 1968 no fue un acontecimiento aislado. Hay que rescatar el espíritu, la peste de la época. Ese aroma a carne quemada, marcada, muerta. A carroña, grasa, lodo y sangre. Hay que recordar el shock, la impresión, nuestra capacidad de asombro. Hay que recordar la muerte y el hambre, las epidemias. Hay que recordar a todo aquello que sirvió de marco para la emergencia del espíritu sesentayochista. ¿Pero qué es el espíritu del 68? No es, desde luego, el marxismo-leninismo, el maoísmo, las teorías utópicas. Ni las greñas, ni la imagen desaliñada. El espíritu del 68, si me preguntan, es esa voluntad sisífica, quijotesca y realmente revolucionaria. El espíritu del 68 es algo tan simple como atreverse a pensar de otra manera, creer que todo es posible. Quijotesca porque es una locura bien pensada. Sisífica porque, en el fondo lo sabemos, lo que cuenta no es el fin sino el proceso (micro)revolucionario. El espíritu del sesenta y ocho es la playa bajo los adoquines, la revolución posible, el mundo en potencia. La revolución del sesenta y ocho son las letras de Revueltas, el penser autremente de Foucault, la creación de conceptos de Deleuze y Guattari. También es el grito anticolonial de Cesaire. Es coyoacán repleto de universitarios con camaradería, colectivos unidos, auténticos hippies, verdaderos punks, sujetos con fines comunes. El espíritu del 68 es la trova, el boom latinoamericano, la autocrítica. El espíritu del 68 es, en resumen, la creatividad de los sujetos para ser incómodos y quijotescos ante la sociedad a la vez que audaces para la conquista de las pequeñas libertades, de los pequeños y simples placeres de la vida.

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Bitácora de trabajo IV

viernes, 28 de noviembre de 2008

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Bitácora de trabajo: Tesis

fecha: 28/11/08 06:57:41


Una segunda justificación a mi capricho. (o nuevo material que agregar a la introducción).


Un punto aparte de mi ya mencionada incompetencia para escribir-pensar en francés. Me parece necesario hacer una breve (Seré breve) apostilla a mi justificación.


Si la primera fue una justificación por incompetencia la segunda es una justificación por los desplazamiento (o mejor dicho “por actualidad”)


Hay que tener presente algo; que monsieur Foucault es hijo de su tiempo y por muy hermosos, objetivos e incendiarios que ~hayan~ sido sus textos, hay que recordar que ellos tambien son hijos-producto de su tiempo.


Me parece que él, Monsieur Foucault, estaba perfectamente consciente de ello, de que eventualmente su discurso sería absrobido por una voluntad de Verdad (no la suya, quizá, sino la de épocas posteriores), y si sabía esto ¿No era una labor absurda (en sentido profundamente camusino) su discurso? Si y no1.


Sí, por que toda labor en contra de la sociedad (de control, panóptica) pierde su efecto en el momento en el que el sistema la absorbe, lo convierte en producto de compra-venta, le pervierte.


No, por que el verdadero legado de Foucault esta ~en~ sus obras, pero no son ~son~ sus obras.


¿A qué podría referirme?


Bien, decir que el legado de Foucault esta en sus obras implicaria, quizá, ver su obra como algo acabado, completo... quizá perfecto, quizá; incluso, verdad revelada (justo como con Freud, Lacan, Nietzsche...) y hacer esto sería inscribir a M.F. En el campo-alcance de alguna voluntad de verdad (la nuestra... quizá).


Sus libros con una experiencia estética (Un orgasmo intelectual me provoco su “Historia de la locura en la época clásica”... y aun no lo he superado) y quizá quedamos tan fijados en ello; tanto que no vemos que tanta belleza esconde algo más que bello, algo peligroso (para el poder de la sociedad panóptica) y ese algo es el gran aporte de Foucault a la filosofía: la genealogía.


Un libro por muy transgresor que sea tiene que enfrentarse a 3 estrategias2... y perder ese sentido transgresor en algún momento:


  • Su banalización.- Veamos lo que paso con el grito de guerra de los revolucionarios... veamos por ejemplo a Ernesto “Che” Guevara en toda su gloria en... ¿Una playera de marca?3 Obersevemos al discurso nietzscheano convertido en un pretexto para la expansión nazi, esto me parece que esta impulsado por dos factores que pueden darse juntos o separados.


  • Dogmatismo.- Si nos cerrasemos en decir que el pensamiento de M.F. Esta completo, o que el nos ha revelado cómo funciona la sociedad panóptica en su totalidad, que su pensamiento es el más grande del cual un pensamiento más grande no puede ser pensado, estaríamos anulando su discurso... cualquier discurso con intención de ser transgresor queda anulado haciendo estas consideraciones.


  • Adopción/Absorción por parte de la sociedad panóptica.- Hacer entrar el discurso dentro de la Voluntad de Verdad de el discurso imperante. Un buen ejemplo la imagen de “The capitalism is dead”


Amanecí con los puños bien cerrados

Y la rabia insolente de mi juventus

La ingenuidad nos absuelve de equivocarnos

que cada uno aporte lo que sepa”

Héroes del Silencio, “Iberia sumergida”


La ingenuidad y la rabia insolente de mi juventud no me absuelve de equivocarme, sino todo lo contrario. Es esa ingenuidad, rabia e insolencia (3 cualidades que podríamos reducir a una sola palabra: hybris) y sin embargo; eso mismo que me pone en riesgo de error me impulsa por el camino de la reinvención, de la reconstrucción y de la búsqueda de una autentica rebelión.


No reduzcamos hermosas y transgresoras obras a objetos de museo (esa es la función de la universidad, no la mía, no la de un investigador), confrontemos estas obras con nuestro tiempo y veremos así en dónde esta su verdadera importancia.


Ahora sé bien cuál era la voz que hubiera querido que me precediera, que me llevara, que me invitara a hablar y que se produjera en mi propio discurso. Sé lo que había de temible al tomar la palabra, puesto que la tomaba en este lugar en el que le he escuchado y donde él ya no esta para escucharme. 4

1Aquí se me puede ya atacar y culpar de poner mis categorías, opiniones y prejuicios en boca de Foucault.

2Las únicas que he identificado hasta hoy.

3Colección “Habana furor” marca: Furor.

4Michel Foucault, “El orden del discurso”



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