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Se vale soñar.

martes, 19 de octubre de 2010

Si algún día fuese invitado a formar parte del Colegio Nacional mi discurso de ingreso iniciaría así:


Más que tomar la palabra, hubiera preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio.


#Sevalesoñar, #honoraquienhonormerece.

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Advertencia a: La hermenéutica del sujeto

martes, 24 de junio de 2008


Michel Foucault enseñó en el College de France desde enero de 1971 hasta su muerte, en junio de 1984, con la excepción de 1977, cuando disfrutó de un año sabático. El título de su cátedra era “Historia de los sistemas de pensamiento”.


Esta catédra fue creada el 30 de noviembre de 1969, según una propuesta de Julles Vuillemin, por la asamble general de los profesores del college de France, en reemplazo de la cátedra de “Historia de los sistemas de pensamiento filosófico”, que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la misma asamblea eligió a Foucault omo titular de la nueva cátedra. Tenía entonces 43 años.

Michel Foucault dictó en su lección inaugural el 2 de diciembre de 1970.


La enseñanaza en el Collége de France obedece a reglas particulares. Los profesores tienen la obligación de dictar 26 horas de cátedra por año (la mitad, como máximo, puee adoptar la forma de seminarios). Cada año deben exponer una investigaciń original, lo cual les exige una renovación constante del contenido de su enseñanza. La asistencia a cursos y seminarios es completamente libre (como la universita populaire de Onfray); no requiere inscripción ni titulo alguno. El profesor tampoco los entrega. En la jerga del collége de France se dice que los profesores no tienen alumnos sino oyentes.


Los cursos de Michel Foucault se realizaban todos los miércoles, desde principios de enero hasta fines de marzo. La concurrencia, muy numerosa y compuesta por estudiantes, docentes e investigadores y simples curiosos, muchos de ellos extranjeros, ocupaban dos anfiteatros del Collége de France. Foucault se quejó con frecuencia de la distancia que solía haber entre él y su “público” y de los escasos intercambios que la forma del curso hacía posibles. Soñaba con un seminario que fuera el ámbito de un verdadero trabajo colectivo. Hizo para ello diferentes intentos. Los últimos años, la salida del curso, dedicaba bastante tiempo a responder preguntas de los oyentes.

¿Algún día la UV podrá siquiera aspirar a ese tipo de paraíso? Renovación constante de los contenidos de las experiencias educativas, los profesores esforzandose por conservar su cátedra... se vale soñar.

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De mis sueños II: Deleuze y Foucault

domingo, 15 de junio de 2008



Hoy mientras dormía tuve un sueño bizarrísimo, no es misterioso, no es enigmático, simplemente es; tal ves, el colmo de mi obsesión por "filosofar" todo.

En mi sueño estaba yo entrando a una cafetería-bar no muy lujosa; pero tampoco de mala muerte, y estaban sentados en una pequeña mesita redonda Michel Foucault y Gilles Deleuze.

Deleuze estaba fumándose una pipa e iba vestido con un abrigo elegante, algo formal, pero bueno, el no se inmutaba por nada de lo que pasaba a su alrededor. Foucault, bebiendo café, voltea a verme (el estaba vestido mucho más casual, incluso con lo recuerdo con unos pantalones color caqui, y una sudadera blanca muy sencilla, pero no por eso de mal gusto) y con una sonrisa me dice:


Al final, todos somos un discurso trágico, tal ves a primera no lo ves, pero no podemos escapar de ello, es nuestra condición.


Deleuze simplemente me voltea a ver y eso es todo, no hay enigma, no hay acertijo.

La segunda parte del sueño es con personaje recurrentes en mis sueños... no tiene caso contarla, es demasiado mía.

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De mis sueños: In vino veritas

jueves, 12 de junio de 2008



Hace falta un lugar.

Hace falta un lugar en el que se pueda pasear la verdad, entre voces ahogadas por el alcohol y gargantas desgatadas por el cigarro.

Hace falta un lugar en donde el buen café, no esas tazas de tazas de agua pintada, sea servido acompañado de un acorde de sax.

Un lugar donde los burgueses arrepentidos se puedan encontrar con los proles progresistas.

Un lugar en donde se puedan gestar ideas, en donde pueda admirar un cuadro de Toulouse-Lautrec a la ves que escuchar a Shostakovich.

Pero... ¿En dónde podré encontrar ese parais intelectual y artistico?

¿En dónde encontrare el idilico barrio de Montmartre?

¡Ah! es que no hay otra forma, más que añorar por ese bar-cafeteria soñada, llena de humo, de vino, de finisimo café gourmet, intelectuales, artistas y buena música.

Llevo años añorando encontrar un lugar así, a donde llevar mi existencia bohemia a discutir y crear.

Pero hasta ahora, solo puedo visitar ese lugar en mis sueños, en mi locura, pero no me quejo, ahí puedo beber junto a Dalí y Bretón, frente a Nietzsche y al fondo de la habitación, el gruñon de Schopenhauer en un sillón coqueteando con Simone de Beauvoir... De repente Nietzsche golpea el piano con los codos, de nuevo esta peleando con Wagner y, entre pleito y pleito, tocan una pieza a cuatro manos, carente de ritmo, pues ambos pelean para imponer la armonía.

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