Cédula de identificación ciudadana

jueves, 30 de julio de 2009

Sobre la Cédula de Identificación Nacional

Josué Castillo1


Donde termina el Estado,

empieza el hombre que no es superfluo

Nietzsche


En los últimos días se han dado diversas notas periodísticas sobre el anuncio dado por el ciudadano Felipe Calderón de implementar una cédula de identificación con datos biométricos. La noticia nos ha tomado por sorpresa y muchos se han escandalizado al escucharla. Esto los ha llevado a especular tanto que, por la blogosfera, periódicos y portales de noticias se han dejado leer miles de distopías, los conspiranoicos han salidos por todos lados. Otros, lo más ingenuos, piensan en esto como una medida acertada que sólo está dirigida a agilizar tramites burocráticos facilitando la identificación personal y que además prevendrá la suplantación de la identidad entre otras bondades. Estos segundos acusan a los primeros de ser unos paranoicos, pesimistas y exagerados. Ésta gente (el segundo grupo) probablemente no está muy bien informada de en qué se ha convertido el país. Tampoco están considerando la posibilidad de que quizá los paranoicos podrían tener un poco de razón. Hay también un tercer grupo de personas, grupo un poco silente, que se pregunta ¿Qué significa biométrico?.


No es pretensión de nosotros caer inmediatamente en el repudio ni en la fobia desinformada. Tampoco en la aceptación ciega de un decreto como si se tratara de un revelación divina. De lo que se trata es de informar/informarnos/analizar las posibles consecuencias de estás medidas, del buen o mal uso que de ellas mismas se puede hacer y, sobre todo, de cómo nos afectan a cada uno de nosotros, ciudadanos mexicanos, gobernados o, simple y llanamente, individuos.


El poder no solo reprimer. Tiene un carácter positivo: Ordena.


Antes estás visiones tan distópicas tenemos que contestar con un llamado a la mesura. Alarmarse y gritar “El fin se acerca” o consignas similares no ayuda en mucho. Tampoco lo hacen los llamados a las armas; ninguna Revolución a gran escala ha demostrado ser muy útil2; ya que, generalmente, éstas solo logran una alternancia en los tiranos3. Hay que aceptar los beneficios que pueden derivarse de está medida, hablemos por ejemplo de la ya mencionada agilización de trámites burocráticos, pensemos en la posibilidad de agilizar nuestra identificación mediante la biometría a la hora de entrar en otros países, de darle al país anfitrión la facilidad de comprobar la legalidad de nuestra entrada, pensemos un poco en nuestra seguridad; la biometría ayudaría a evitar que alguien suplante la misma... pensemos en el tiempo que podríamos ahorrar en trámites relacionados con lo económico y lo bursátil. Sí leemos la emergencia de está cédula como un hecho aislado e independiente no hay muchos peros que poner. Pero sin embargo...


No hay que olvidar que ni el ciudadano Felipe Calderón ni el ciudadano Gómez Mont han dado más información sobre los usos y misión de ésta cédula. Y que si se toma como referencia la obsesión con la que se está librando esta “Guerra contra el narcotráfico”, las violaciones a los derechos humanos que se han multiplicado en los últimos 3 años, la negación del ejecutivo a repensar el fuero castrense, en fin, si tomamos en cuenta que, al parecer, nos dirigimos a una especia de Estado Policiaco ¿No tenemos derecho a sospechar, al menos un poco, algún peligro en está medida? Claro, siempre y cuando sean sospechas apegadas al acontecer diario, sin dejarse llevar por emociones poco claras que nos hagan declarar que esto es el principio del fin. Del primer grupo de personas de los que hablamos conservemos la sospecha, de los segundos la mesura.


Y guardando esa mesura hay que preguntar: ¿Qué peligros podrían presentarse está medida? Como ya lo han intuido muchos; es nuestro derecho a la privacidad. Derecho que está en peligro gracias al sofisma que nos dice que es más importante nuestra seguridad4 que nuestra libertad y privacidad.¿Quién puede asegurarnos, aparte del ciudadano Gómez Mont y el ciudadano Felipe Calderón, que esa información no será usada para fines distintos a los que se nos ha comunicado? No es exceso de imaginación; hay bases para tener ésta sospecha. No olvidemos que la base de datos del RENAVE fue vendida al mejor postor, lo mismo podemos decir de la del IFE.


¿Es que el individuo tiene que sacrificarse y adaptarse a las exigencias del Estado?


H. Córdoba, Ver. 30 de julio de 2009

1Estudiante de la lic. en Filosofía. Universidad Veracruzana.

2Y eso lo deberíamos saber muy bien nostros. Aunque éste punto queda abierta a discusión.

3Y pareciera que esa promesa de la desaparación de la lucha de clases está lejos de suceder.

4¿No deberíamos leer “la seguridad del Estado” en lugar de “nuestra seguridad”?

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1 comentarios:

Iván Moreno dijo...

Buen artículo.
No me gusta para nada esta idea que se traen en manos. La privacidad y el derecho al anonimato se verán lastimados.
No hay que ver my lejos para identificar esta idea con cierto color totalitario...y luego como bien dices la corrupción: mercadotecnia a mi medida. Si así, ahora no aguanto a los jodidos vendendores por teléfono, ¡imagina con información tan precisa como la que quieren colectar!

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